Visa
Pues bien, emprendí un viaje de más o
menos 6 horas ida por vuelta a Quito para trasladarme a la embajada Suiza, la
fecha la tenía para el 13 de junio pasado, como es de esperarse estaba nerviosa
y un poco bajo presión, pero hubiera sido peor si mi papá no me acompañaba.
El ambiente estuvo un poco tenso si
quieren saber, me atendió una chica más o menos de mí edad con actitud muy poco
agradable y unas uñas acrílicas que le llegaban hasta el suelo.
En primera instancia SIEMPRE HAGAN CASO A
LAS INDICACIONES DADAS POR PARTE DE LA EMBAJADA, como siempre las preguntas
básicas: ¿Para qué vienes al país?, ¿Por qué quieres venir a mi país?, ¿Vives
con tus padres? (Naturalmente jaja), ¿Trabajas o estudias?, luego de tanto
cotorreo incómodo y de verme de pies a cabeza, que casualmente estaba bien
presentada y decirme debes traer exacto el valor que hay que pagar con un
acento francés (supongo que ella era de la parte francesa de Suiza), en fin
entre idas y venidas y papeles por llenar (que amablemente mi tío Fer y mi tía Marie me ayudaron a realizar), con un poco de enojo nos fuimos con
mi papá sin realmente esperar nada, el viaje de regreso fue agradable, nos
reímos mucho de los errores cometidos y de lo que hemos aprendido.
Luego de una semana de estrés con mi
mandíbula y cabeza a reventar, mi tía Pepa sugirió que llame o mande un correo preguntando
amablemente si me dieron la visa o no, mientras que el correo ya había mandado
un domingo, pensaba un poco en que el trébol de cuatro hojas que me regalaron
siendo un buen gesto no había funcionado con mi suerte, así que un lunes
mientras le daba de comer a mi hermana Deborah realizaría una llamada luego y
preguntar si me dieron la visa, sin esperar mucho pues me llamaron ellos primero a
decirme que sí que tenía la visa, fue algo telepático justo una semana antes
del viaje.


POLO
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